
En Gyeongju, milenaria,
donde los reyes duermen como reyes,
descansa un innombrable al que,
para mayor vergüenza
entre los de su ramo,
lo conocen por su caballo.
Él,
que mandaría sobre ejércitos,
conquistaría territorios y
corazones de princesas.
Él,
que dictó leyes y normas
que fue admirado y temido
y por todo su pueblo conocido
ni siquiera hoy es capaz de
levantarse él y levantar su voz
para decir quién es.
Ni siquiera cuando
ejercitos de turistas japoneses
profanan su tumba
con fotos
pese a la prohibición de las mismas.
Oh! Rey de Shilla, anónimo,
que ya ni hoy en día tus
normas se respetan.
Bien podría decirte aquello,
ahora, de:
quién te ha visto
y quién te vé.
Gyeongju 28 de septiembre de 2009
Francis Ponge
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. . No hablo aquí de los artistas de persuasión, ni de esas gentes que
buscan sensaciones, se sumergen en lo desconocido para encontrar lo nuevo,
piden ser...
Hace 2 horas







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