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El rey del caballo blanco


En Gyeongju, milenaria,
donde los reyes duermen como reyes,
descansa un innombrable al que,
para mayor vergüenza
entre los de su ramo,
lo conocen por su caballo.

Él,
que mandaría sobre ejércitos,
conquistaría territorios y
corazones de princesas.

Él,
que dictó leyes y normas
que fue admirado y temido
y por todo su pueblo conocido
ni siquiera hoy es capaz de
levantarse él y levantar su voz
para decir quién es.

Ni siquiera cuando
ejercitos de turistas japoneses
profanan su tumba
con fotos
pese a la prohibición de las mismas.

Oh! Rey de Shilla, anónimo,
que ya ni hoy en día tus
normas se respetan.
Bien podría decirte aquello,
ahora, de:
quién te ha visto
y quién te vé.

Gyeongju 28 de septiembre de 2009

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El día que me hice vegetariano.


El día que me hice vegetariano
pensaba en carne.
En la carne de esas crisálidas
de gusanos de seda
cocidas,
con su olor.
Con su repugnante olor.
Allí, en medio de la calle
y junto al restaurante de perro.

Ese día,
el día en que me hice vegetariano
me dió por pensar
que los occidentales no somos
tan diferentes,
pensé:

En la suela de zapato empanada
del McDonald's.
En los pollos hacinados
en las granjas de concentración.
En las cabezas que te miran
en la carnicería
con ojos de cordero degollado
sin estar enamoradas de ti.
En el animal más cerdo del mundo,
el cerdo,
del que nos comemos todo.
Pensé tambien en los peludos conejos
como las peludas ratas,
en la vaca que rie
-está loca-
y en la peste equina.
-a caballo regalado
no le mires el dentado-.

Pero sobretodo pensé
en el sonido de las gambas
en mi boca, en navidad,
el mismo sonido que el de
las cucarachas aplastadas
bajo mi zapato, en verano

... ese chirriante ¡critch!

Ese día,
delante de la parada de beondegi
en la calle de Insadong
en Seúl, fue
el día que me hice vegetariano.

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La chica del Da Bang

Sus piernas desaparecían
infinitas
en los charcos de la calle
y su culo se
presentaba a todos
como una fruta,
suave,
bajo la piel de
aquella minifalda encogida
en varias tallas menos.

Se movía con la elegancia
de un cisne de fantasía
y atraía las miradas de
todos,
absolutamente todos,
los hombres.

Cuando viajaba en su moto
para llevar los cafés,
su pelo al viento
recordaba
las telas de seda
en los brazos
en los vistosos bailes
tradicionales.

Había música en su voz
y todas las sinfonías sonaban
cuando subida a lomos
de una infidelidad cómplice
salvaje cabalgaba
en la cama de un motel cercano.

Podría haber sido la princesa,
exótica y erótica,
de algún conquistador europeo,
pero prefirió ser puta y
servir cafés y sexo
a señores casados de cincuenta años
por menos de sesenta mil wones.

Aún así,
cuando sus piernas infinitas
y su culo suave
se pasean bajo la minifalda
por las calles de Jinjú,
todos,
absolutamente todos,
los hombres,
se giran para verla
y desearla.

Busan, 29 de septiembre de 2009

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Otoño




Corea, toda verde,
baña sus montañas
en sangre
antes del frio.

Corea roja de kimchi,
picante.
Corea menstruada,
cambiada, menopaúsica,
gran señora y compañera.

Morirá al desnudarse...
para renacer de nuevo
meses más tarde.
Incontables veces.

Espectacular tu atardecer
de la vida,
dame el privilegio
de verte
una vez más.

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Preocupaciones




Cuando voy a Corea
mi madre se preocupa,
mucho.

Porque un camarada loco
con aires monoteistas
de él mismo
amenaza con borrar del mapa
a Japón y a todo
lo que se ponga por delante.

Cada vez que mi madre
dice eso, yo pienso,
que aquí, en Corea,
no tenemos
bandas de la Europa del este
que asaltan chalets y apalean,
o matan,
a sus propietarios,
ni tampoco tenemos Lating kings, ni ñetas,
ni terroristas de la E.T.A.
ni fascistas, ni racistas,
ni siquiera hay carteristas.

Por no tener, tampoco tenemos,
chabolas de gitanos,
drogadictos, toxicómanos,
ni navajas, ni pistolas,
mercadillos de la droga,
ni centros de menores,
ni políticos españoles.

Así que,
cuando voy a Corea
y mi madre se preocupa,
mucho,
puedo decirle sin ninguna duda:
"- no te preocupes."

Busan, 23 de septiembre de 2009

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Lost in translations



Tengo una gran ventana a la ciudad.
Desde la planta más alta de un edificio
veo
las vidas conectar entre ellas.
Ahí abajo.
Pequeños puntos imperfectos que interactúan,
camuflados entre la noche y las luces de neón.

Me siento como Dios ante un mundo creado
ni a su imagen ni semejanza,
donde no puedo entender qué escriben
qué dicen o qué cantan.


fotografía, Busan on Fire de Ohara.

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Panmunjom



El mundo necesita gargantas que se traguen las fronteras
Uberto Stabile



La frontera entre norte y sur
-Villarriba y Villabajo-
es un silencioso y un
esperado
esperpéntico
espectáculo
de desafío.

Una calle del Far West
donde varios pistoleros,
comunistas y capitalistas,
se retan a muerte.

Solos ante el peligro y
ante su público que
con sus Nikon, Canon, Sony, Olympus,…
les disparan.

En esa calle que nada sabe
de revolución obrera
ni de consumo
ni de clases
ni de propiedad
privada o colectiva

En esa calle que
nada sabe
de libertades

En esa calle
artificial
encuentras
enajenación mental
permanente
y desprendimiento cerebral.



.

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encuentro

Encontré a la chica de mi vida
llegando tarde a mi propia vida,
como no podía ser de otra manera.
Si hubiera llegado a tiempo, seguramente,
no habría sido ella.

Nos prometimos todos los viajes a la luna
pero siempre con los pies en la tierra
y cada uno a un lado del mundo.

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El sentido de.

Quiero que me disculpes
por ser mimo triste en el salón.
Por beber aceite hirviendo
para quemar mi voz.
Por tener una cánula
que no deja escapar
palabra alguna.
Por tener en la garganta
un colador negro
de cáncer de amor
y otros sentimientos.

Quiero que me disculpes
por pasar de
estar ciego por ti
a no querer verte ni en pintura.
Por mirar para otro lado,
fijarme en otras curvas,
y dejar la mirada perdida, libre,
sabiendo a donde va,
escapando siempre de ti,
evitando cruzarse contigo y
con la medusa que habita en
tus ojos que me petrifican.

Discúlpame también
por tener el síndrome
del miembro fantasma
cuando coges mi mano
para notar si sigo vivo.
Mi parestesia está compuesta
por millones de termitas
que terminan conmigo
si me tocas,
por error.

Sé que apenas te escucho
cuando proyectas tu
propaganda comunista
para ver si caigo en el engaño
y corro hacia tus trincheras
para ser abatido a tiros
a mitad del camino.
Huyo de tus cantos de sirena
podrida, de sirena de ambulancia,
que penetran mi cerebro
hasta volverme loco, lo sé.

Y sé que hace tiempo
que dejé de hacer caso
de todos los olores
que traías a casa y
a mi propia cama.
Que me producían esas
hemorragias nasales
que inundaban mi cerebro
de impotencia y resignación.

Como puedes comprender
ya nada tiene sentido.

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De putas y otras cosas

Sólo una vez conocí
a una sirena prostituta
que pudo decir:
“de este agua no beberé”.

Prefiero caer por la madriguera
de conejo
- “bébeme”, “bésame” -
a ver un conejo profesional caer
en mi madriguera
- “fóllame”, “págame” -.

Porque una vez Jesucristo me dijo:
“ciertamente, hijo,
este cura no es mi padre”.

Para la vida:
poder vegano,
felicidad consumada
y sexo tántrico en grupo.

Estoy feliz porque sé
que quien duerme en el suelo
no puede caerse de la cama.